el blog de reseñas de Andrés Accorsi

lunes, 25 de septiembre de 2017

RESEÑAS PRE-VACACIONES

Sí, mañana es el día. Por fin me voy de vacaciones… obviamente a una ciudad donde este finde hay un mega-evento comiquero, pero donde me voy a quedar varios días más, a rascarme el higo como corresponde. Antes, dos reseñas.
Arranco con Momentos, un maravilloso recopilatorio de historias de una o dos páginas realizadas por los hermanos Tha y T.P Bigart entre 1980 y 1981 (plena transición democrática) para la revista española El Papus, una publicación absolutamente clave para entender aquellos años.
Allá por los albores del blog, un lejano 02/06/10, ya vimos un álbum de historias cortas de Josep y Joan Tharrats (que así se llaman los autores en el DNI) y por lo menos en lo que respecta al dibujo, no hay mucho para agregar. Este material es anterior a Absurdus Delirium, pero no se nota una mayor precariedad o inexperiencia en el trazo de Tha. Es evidente que esta bestia mostraba un talento realmente impresionante ya desde sus primeros trabajos profesionales. Lo más lindo es lo vigente que se mantiene, cómo pasan las décadas y estos dibujos conservan intacto su poder para inspirar, para emocionar y para impactar, incluso cuando están pensados para ser 100% funcionales a estos breves relatos.
Y si te gusta que el humor levante vuelo y que -además de hacerte reir- a veces te deje estupefacto por su nivel de delirio o de bizarreada, y a veces te deje pensando porque te baja una línea potente (con distintos grados de sutileza) y te invita a ver desde otra óptica aspectos de tu realidad… acá vas a encontrar un faro de referencia, un pico. En general, todo el comic humorístico de la transición democrática es rico en mensajes, en ampliación de horizontes… Pero en las páginas de Tha y Bigart me parece que es donde se encuentran los mejores momentos. Esto es magia en estado puro, de verdad.
Me vengo a Argentina, a 2016 (sí, ya estamos casi en Octubre y sigo leyendo libros de 2016), para reseñar el Vol.5 de Teatro en Viñetas, con otras dos obras clásicas del teatro argentino convertidas en historietas por Alejandro Farías.
La primera obra es Actores de Provincia, de Jorge Ríos. Acá el guionista forma equipo con Fabián Mezquita, que nos regala páginas llenas de plasticidad, dinamismo, excelentes expresiones faciales y un notable manejo del claroscuro. Es un trabajo raro, porque en general a Mezquita le encanta lucirse en los fondos, meterles muchos detalles, hacer que el lector los sienta muy reales. Y en Actores de Provincia casi no hay fondos, si no que pasa todo por los cuerpos, las caras, las luces y las sombras. La química entre Farías y Mezquita funciona a pleno y permite que esta meta-obra de teatro (que habla del mundo de los actores, los dramaturgos y las puestas teatrales) se convierta en una historieta muy entretenida.
Para la segunda obra teatral (Saverio el Cruel, nada menos que de Roberto Arlt), Farías trabaja con un autor al que no me imaginaba adaptando obras de teatro. Pedro Mancini, con su estilo más limpito, más despojado, más inexpresivo, más frío, más distante, logra que para la segunda página nos olvidemos por completo de que Saverio el Cruel alguna vez fue una obra de teatro. Enseguida te metés en el relato, como te metés en una historieta, y ahí te quedás hasta el final, atrapado en ese clima casi surrealista (a pesar de que los diálogos suenan bastante reales) que me remitió varias veces a las historietas de Jason. Si bien gráficamente es difícil emparentar al noruego con Mancini, hay algo en el ritmo del relato, en la inexpresividad de los rostros, en el estatismo de las figuras, en la escacez de decorados, que acerca este trabajo de Pedro a las obras de Jason. Lo mejor que hace Farías en este caso es desaparecer, hacerse invisible, trabajar para que no notemos que está ahí, para convencernos de que esta es una historieta de Mancini, ni siquiera una adaptación de un texto previo. Un verdadero hallazgo del prolífico autor oriundo de Bahía Blanca, que sigue acumulando logros en el difícil rubro de la transposición de historias a nuestro medio favorito.
Retomamos seguramente en algún momento del finde del 7 y 8 de Octubre. Banquen hasta entonces, que prometo volver con las pilas recargadas y las valijas repletas de comics.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LLEGO LA PRIMAVERA

Se acabó el invierno, arrancó la primavera y yo en muy poquitos días me voy de vacaciones. ¿Se puede pedir más? Sí, pero lo dejo para otro día. Vamos con un par de reseñas.
A lo largo de 2012, en la revista Orsai salieron varias historietas e ilustraciones realizadas por una extraña dupla: un actor muy conocido (y gordo) y un historietista muy conocido (y flaco). Alfredo Casero y Juan Sáenz Valiente dejaron que sus universos colidaran para crear breves gemas del delirio, luego recopiladas en una lujosa edición a cargo de los propios autores, junto a algunas perlitas inéditas.
Supongo que no hará falta explicar cómo funciona el humor de Casero, porque todos habrán visto alguna vez aunque sea un sketch de Cha-Cha-Cha (su más gloriosa incursión en la tele argentina). En las historietas, la mecánica es más o menos la misma: parodia de géneros, mezclada con niveles sobrehumanos de demencia y un poco de guarangada, como para que nunca te imagines para dónde va a salir el chiste. Parece difícil combinar esa no-estructura con algo tan fijo, tan sólido, tan rígido si se quiere, como es el relato gráfico al que llamamos historieta. Pero en general la mezcla funciona bien, el humor de Casero resulta bastante transplantable a este medio, en parte porque el actor es, además, ávido consumidor de historietas.
Por supuesto, buena parte del mérito le corresponde a Sáenz Valiente, que puso al servicio de Casero su apabullante arsenal de recursos gráficos. Acá Juan hace de todo: historieta clásica, ilustraciones que parodian a las publicidades de las revistas de los años ´50, caricaturas de famosos, experimentos limados con las onomatopeyas, los globos y el rotulado… Si alguna vez soñaste ver a este mago del dibujo romper todas las recetas y dedicarse a saltar al vacío en casi todas las páginas, acá vas a enloquecer. Incluso vas a ver a Sáenz Valiente jugando a parecerse a otros dibujantes (en una historia toma la estética de Dave Cooper, en otra el rotulado típico de la revista Lúpin), e incluso simplificando su trazo al extremo, como si hiciera humor gráfico onda Tute. La verdad es que, como bizarreada, Un Perro con Sombrero está logradísimo: te sorprende, te engancha y te hace reir en voz alta.
Se me van acabando los TPBs de la línea New 52, porque fui colgando título tras título de DC bastante antes de que alguien dijera “no va más” y viniera el Rebirth a tratar de rescatar a los lectores perdidos. Este Vol.4 de Aquaman es lo último que compré del personaje. Nunca seguí luego de la partida de Geoff Johns, ni me enganché con la serie quincenal que arrancó el año pasado. En su ambiciosa saga de despedida, Johns introduce varios personajes nuevos, deja latente un posible regreso de Orm como villano, pega un volantazo impresionante al saltar seis meses en el tiempo dentro de un mismo arco, y hasta se da el lujo de tirar a la mierda todo lo que durante años había establecido Peter David en materia de historia de Atlantis, sus reyes, su relación con las otras civilizaciones subacuáticas y hasta la estirpe de Aquaman.
La saga final de Johns presenta un clima mucho más trágico y más serio que el de aquellos primeros episodios, pero también un perfil más político, más psicológico, con menos peso de la machaca a la hora de resolver los conflictos. Death of a King ofrece una compleja trama de lealtades y traiciones, con batallas épicas escalofriantes y una expilcación detallada de la historia de Atlantis que rige para esta versión de Aquaman. Si en Throne of Atlantis el foco estaba puesto en esa dicotomía que corporiza Aquaman al ser al mismo tiempo héroe de la superficie y rey de los mares, esta vez todo pasa por lo segundo. Johns se dedica a explorar minuciosamente cómo es gobernar el milenario reino subacuático.
En cuanto al dibujo, la mala noticia es que ya no está Ivan Reis. Y la buena es que con el ingreso de Paul Pelletier se terminó la rotación de dibujantes, ese disparate de tener cuatro dibujantes distintos para sacar con fritas seis episodios. A pesar de que el colorista Rod Reis Pelletier hace lo imposible para que Pelletier parezca Ivan Reis, el nuevo dibujante no se acerca a los mejores momentos del brazuca, si bien es más que digno. Pelletier se esfuerza demasiado por parecerse a Bryan Hitch, al punto de poder engañar a más de un incauto y -al igual que el británico- aprovecha muy bien la impronta grandilocuente y épica del guión para desplegar un dibujo potente, elegante y dinámico a la vez. Death of a King es un cierre muy convincente para esta gran etapa de Aquaman, que si bien no califica para ser la mejor de la historia del personaje, está ahí, entre las que tenés que leer sí o sí si te copa este eterno segundón del panteón heroico de DC.
Y hasta acá llego, por hoy. El martes me voy de vacaciones, pero prometo postear una vez más antes de ese día. Ya estoy leyendo un librito para reseñar muy pronto. Aguante.

lunes, 18 de septiembre de 2017

DOS QUE TENIA PENDIENTES

Estos libros los leí entre jueves y viernes, pero durante el finde no tuve tiempo de sentarme a escribir reseñas. Aprovecho ahora, que tengo un rato libre (esto de levantarme temprano me está matando).
Me voy primero a 2008, cuando se edita en Japón el tomo Emanon Recuerdos, un manga que un lector del blog me recomendó allá por el 14/07/12, cuando me tocó reseñar otra obra de Kenji Tsuruta. Yo estaba fascinado con el dibujo de Tsuruta, pero casi indignado por las torpezas que me había encontrado en el guión de aquel manga… y la verdad es que acá el único problema que tiene el guión es que está infinitamente descomprimido. Tsuruta toma un relato del escritor Shinji Kajio y lo convierte en una historieta de más de 160 páginas, cuando tranquilamente podrían haber sido… 44, o como mucho 50.
Por suerte la historia está muy bien (levanta grosso en las últimas 15 páginas, así que si te venís aburriendo, aguantá) y el dibujo de Tsuruta es tan bueno que te estremece el alma. Hay que entrarle munido de una paciencia infinita, porque la trama se desarrolla a un ritmo realmente parsimonioso. Pero la verdad es que no resulta tan traumático, porque la trama en sí se basa en diálogos y silencios. No hay acción, no hay persecusiones ni peleas, y el único entrevero sexual está apenas sugerido. Todo se basa en climas y sensaciones que Tsuruta construye mediante secuencias largas en las que los personajes o hablan, o se miran, o miran al infinito. Hay un misterio vinculado a un elemento fantástico, pero en ningún momento se llega a articular (con perdón de la palabra) un conflicto importante, ni a generar tensión en el lector. Queda todo ahí, en lo que se dice, en lo que se da por sentado, en lo que se intuye… y por supuesto en lo que cada uno quiera interpretar. Si te gustan las historias intimistas, con un toque romántico y un toque fantástico, y no te jode que la trama esté narrada con un grado máximo de decompresión, entrale a Emanon Recuerdos y disfrutá. Ya solo por el dibujo de Tsuruta, se recontra-justifica.
Sigo en mi cruzada por terminar de leer todo el material argentino publicado en 2016 y me encuentro con Ich: Furia de Cemento, de Luciano Saracino y Ariel Olivetti, un trabajo que se puede leer tranquilamente sin tener la menor idea de lo que pasa en el tomo de Ich que vimos el 25/11/15. A diferencia de la primera saga, este nuevo Ich está ambientado en el presente y más pensado para el mercado de EEUU. El argumento es un clásico que leímos millones de veces: un pibe común descubre que es “el elegido”, que le toca hacerse cargo de poderes y responsabilidades que van mucho más allá de los límites de su imaginación, y el pibe dice “nah, no me interesa, métanse el poder en el orto”… hasta que pasa algo que lo hace cambiar de opinión.
Sobre esa base tan remanida, Saracino construye una historia sumamente ganchera, con un ritmo ágil, diálogos ingeniosos, el regreso de los conceptos más atractivos de la primera saga y lo más interesante: un muy lindo elenco de personajes secundarios y villanos, muchos de los cuales tienen un desarrollo interesante y otros te dejan esperando con ansias nuevas aventuras de Ich en las que los veamos desarrollarse más. ¿Qué le falta a estas 100 páginas? Un climax más fuerte, esa escena tremenda en la que vemos que el héroe pone todo pero no le alcanza y tiene que poner más. Acá lo más parecido al climax llega cuando Curt dice “bueno, dale, acepto ser el Elegido”… que es lo que todos sabíamos que tarde o temprano iba a pasar.
Visualmente, hay más sorpresas. Muchas, por suerte. Incluso me atrevo a postular que este es el mejor trabajo de Ariel Olivetti en lo que va del Siglo XXI. Por el riesgo en la narrativa, por la evolución en las expresiones faciales, por el manejo del timing (fundamental sobre todo en las secuencias donde Saracino se florea con algún toque de comedia), por el laburo que tiene cada página, más allá de que los fondos sigan siendo fotos retocadas. Acá se nota demasiado que Olivetti está cómodo, a gusto, involucrado con los personajes, con la historia, sin “mirar el reloj” a ver cuánto falta para la próxima escena de machaca entre monstruos hiper-musculosos. Una verdadera cátedra de este animal mitológico del dibujo al que, cada tanto, la historieta logra volver a enamorar.
Y no tengo más material leído. Le meto pata para tratar de clavar por lo menos dos posteos más antes del 26, que empiezan mis vacaciones. Gracias por el aguante de siempre.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

QUE NO DECAIGA

Vengo con un buen ritmo de lecturas, que espero no decaiga en la recta final rumbo a mis vacaciones.
Me pintó redescubrir algún clásico y caí en Las Siete Bolas de Cristal, un álbum de Tintin que Hergé dio a luz allá por 1948, cuando ya tenía el estilo de dibujo perfectamente depurado y el elenco de la serie ya establecido en su totalidad. Me pregunto en qué momento de la realización de este álbum Hergé habrá decidido convertirlo en la primera mitad de un díptico, y liberarse de la obligación de cerrar en la página 62 todas las puntas que empieza a desarrollar en la página 1. Me imagino que la respuesta debe ser “antes de llegar a la página 10”, porque para ese momento ya se nota que la trama avanza demasiado lento, que da muchas vueltas, que las escenas se estiran innecesariamente, no sólo para incluir las típicas secuencias humorísticas de golpes, tropezones y juegos de palabras, sino para irse por las ramas con boludeces como el cilindro mágico que convierte el agua en vino, o la aparición de Bianca Castafiore, que no aporta nada al desarrollo argumental. Tintin y Haddock están todo el álbum un par de pasos atrás de los villanos, y recién sobre el final parecen tomar la iniciativa. Pero todavía no llegaron ni a verse cara a cara. Eso sucederá en El Templo del Sol, la segunda mitad del díptico, que prometo leer pronto.
Liberado, entonces, de cerrar la trama al final de estas 62 páginas, Hergé se esfuerza por hacer de Las Siete Bolas… un álbum muy entretenido, lleno de peripecias, chistes y excusas para que aparezcan muchos personajes. El que tendrá más desarrollo será Haddock, mientras que otros cumplirán roles meramente decorativos. Como suele suceder en las aventuras de Tintin, lo que parece un misterio sobrenatural, seguramente se va a resolver de un modo racional, al estilo Scooby-Doo. Mientras tanto, Hergé busca perturbarnos con la maldición ancestral liberada por unos exploradores inescrupulosos que viajaron a Perú y profanaron las tumbas de los antiguos reyes incas. Y hacia allá iremos en El Templo del Sol, a prestarle mucha atención a cómo nos muestra Hergé este país y esta gente.
Hora de volver a la Argentina de 2016, cuando Marcelo Pulido y José Massaroli realizan El Manuscrito, una breve novela gráfica integrada al “universo expandido” de El Eternauta. En una secuencia de El Eternauta: El Regreso, Solano López y Pol nos mostraban que un Favalli ya anciano tenía en sus manos el manuscrito del guión de una historieta en la que se narraba la invasión antes que sucediera. Pero estaba oculto en una casa del Tigre y nunca se había llegado a publicar. Sin embargo, al final de la primera saga de El Eternauta, el guionista que escucha el extenso relato de Juan Salvo se propone alertar al mundo sobre la inminente invasión a través de una historieta. ¿Qué pasó ahí? ¿Cómo es que Germán, el guionista, llega a escribir ese guión pero nunca a verlo dibujado y editado?
Ese es el hueco que se plantea cubrir Pulido con esta historia. Una historia chiquita, lineal, que tiene por objeto unir el punto A con el punto B, no mucho más. Y que se podría haber contado en 16 páginas en vez de 46. El hallazgo de Pulido consiste en mostrarnos a Germán haciendo en la ficción lo que le tocó hacer en el mundo real a Héctor Germán Oesterheld, en la época en la que operaba en la clandestinidad, perseguido por la dictadura cívico-militar. Lo vemos abandonar su casa y su vida familiar, transitar por las calles disfrazado para que no lo reconozcan, escribir sus guiones escondido, refugiarse en una isla del Tigre… todas cosas que el verdadero HGO vivió en carne propia, replicadas con buen tino en la ficción. Al final, Germán no publicará nunca esa historieta, porque vencerán las fuerzas de la represión, las que siempre están ahí, al acecho, para callar, para desaparecer, ayer a Oesterheld, hoy a Santiago Maldonado, mañana capaz que a mí o a vos.
El dibujo de Massaroli es interesante, por momentos con algún guiño al trazo de Solano López, pero en general mucho más jugado al claroscuro que en otros trabajos suyos, con fuertes contrastes entre masas negras y espacios blancos que por momentos me recordaron al querido Walther Taborda, quien también dejara su huella en la mitología de El Eternauta.
Si sos muy fan de la saga de Juan Salvo, o si te copa esa época en la que Oesterheld se jugaba la vida a cada paso por su militancia política pero seguía escribiendo historietas, no tengo dudas de que el clima opresivo y conspiranoico de El Manuscrito te va a atrapar.
Volvemos pronto con nuevas reseñas y… nos vemos el finde en Sismicomix. ¡Hasta entonces!

lunes, 11 de septiembre de 2017

VAMOS CON OTRAS DOS

Acá estamos como siempre, con otros dos libros leídos, listos para ser reseñados.
Después de aquel memorable tomo con tres historietas de Alberto Saichann que reseñáramos hace cinco años, un ya lejano 10/09/12, Loco Rabia vuelve a la carga con un nuevo tomo de más de 200 páginas, esta vez con dos series completas del virtuoso historietista: por un lado, Rio Kid, una serie de la que en Argentina se habían publicado poquísimos episodios, realizada por Saichann entre 1990 y 1991 junto al recordado guionista Carlos Albiac; y por el otro, El Príncipe de las Oscuridad, una serie más breve, de sólo seis capítulos, en la que Saichann trabajó junto a dos guionistas, a falta de uno: Eduardo Mazzitelli y Walter Slavich. Esta obra data de 1992 y se publicó completa en las páginas de la revista Skorpio.
Rio Kid es una típica serie de los ´80: protagonista canchero, soltero, independiente, que vive en un paraje exótico (en este caso la Rio de Janeiro de la década del ´30), labura de investigador privado y se mete en un bolonki atrás de otro. No sabemos mucho de él, excepto que le gusta el escabio, el cigarrillo, las mujeres y responder siempre con diálogos filosos, repletos de ironía. Dentro de estos parámetros bastante trillados, el maestro Albiac logra urdir tramas muy ingeniosas, con espacio para que además de piñas, persecuciones y garches, haya misterios bien elaborados, pasos de comedia y una cierta mirada más social, centrada en las profundas desigualdades de la época.
El trabajo de Saichann es asombroso y basa su atractivo principalmente en el contraste entre fondos y un par de personajes dibujados de modo realista y el resto de los personajes dibujados en un estilo más salvaje, más caricaturesco, decididamente grotesco. Es como si en un comic de… Dieter Lumpen de pronto aparecieran personajes de Barrio Gris. Parece rarísimo, pero Saichann lo hace funcionar a la perfección. Lástima el rotulado, que es muy feo. Tardé varios episodios en acostumbrarme a leer diálogos con una letra tan chota.
El Príncipe de las Oscuridad, en cambio, está muy bien rotulada (por Paula Canelo), mantiene una línea de dibujo más uniforme, mucho más clásica y menos descontrolada que la de Rio Kid, y se inscribe en la tradición de relatos de misterio sobrenatural. Acá tenemos un protagonista más tragicómico, menos banana que Rio Kid, metido en tramas oscuras, donde por momentos Slavich y Mazzitelli apuestan fuerte al terror. Hay algo de comedia, alguna escena de sexo, pero la posta es armar climas que te pongan nervioso y sorprenderte con resoluciones inesperadas. En ese sentido, hay un episodio realmente magnífico que es el anteúltimo, el del talismán al que le falta una gamba. Evidentemente, la idea de los guionistas daba para mucho más de seis episodios, pero la cosa llegó hasta ahí. Y está bien.
Salto a 2015, cuando Image publica el Vol.2 de Velvet (vimos la reseña del Vol.1 el 27/09/15), la serie de Ed Brubaker y Steve Epting. No hay tanto para agregar a aquella primera reseña, realmente. El misterio se desarrolla a buen ritmo, hay volantazos inesperados, hay desarrollo de personajes, hay un gran aprovechamiento por parte de Brubaker de las posibilidades que le brinda ambientar la historia en la época de la Guerra Fría, se nota un conocimiento profundo del género del espionaje y de la propia actividad… Lo único medio cuestionable es que Velvet Templeton, señora de cuarenta y pocos que lleva 15 años atrás de un escritorio y que fuma un pucho atrás de otro, tiene un estado atlético impecable, que le alcanza para pasarse casi todo el TPB exigiendo su cuerpo al máximo y hasta para ganar peleas a mano limpia contra varios tipos armados.
El dibujo de Epting sigue a un nivel altísimo, con un trabajo formidable en la reconstrucción de distintas épocas y lugares, y con ese ancho de espada que es el color de Elizabeth Breitweiser, que lo potencia muchísimo. Y los textos de Brubaker, narrados en primera persona por distintos personajes, ayudan muchísimo a sumarle profundidad a la intriga. Obviamente ni bien pueda le entro con todo al Vol.3.
Por ahora, llegamos hasta acá. Intentaré volver a postear en la semana, y si no, aprovecho para invitarlos a todos a la tercera edición de Sismicomix, este sábado y domingo en el Espacio Sísimico (Lavalleja 960, ciudad de Buenos Aires). Ahí vamos a estar charlando con un montón de autores grossos y con un stand repleto de papa fina a precios cuidados. Además va a ser el último evento en el que voy a estar antes de mis vacaciones.
Este es el link para el evento en Facebook: https://web.facebook.com/events/1606795786021949/
¡Nos vemos pronto!

jueves, 7 de septiembre de 2017

JUEVES AL MEDIODIA

Horario medio bizarro para sentarse a escribir reseñas, pero es lo que hay…
En 2015 se cumplieron 20 años de la muerte de Hugo Pratt, y sus herederos lo festejaron dando luz verde para el regreso de Corto Maltés, su personaje más famoso, que este año cumple 50 años. La nueva etapa está a cargo de un equipo 100% español, con Juan Díaz Canales como guionista y Rubén Pellejero como dibujante. El primer álbum se titula Bajo el Sol de Medianoche y está ambientado poco después de La Balada del Mar Salado, en el extremo noroeste del continente americano, en los mares que rodean a Alaska y los bosques nevados de Canadá.
Díaz Canales capta perfectamente el espíritu de las aventuras de Corto Maltés, para bien y para mal. Como la mayoría de las historias extensas de Pratt, Bajo el Sol… tiene viajes, silencios, momentos en los que la narración se vuelve muy parsimoniosa, personajes que existieron en la realidad mezclados con creaciones ficticias, promesas inquebrantables que explican comportamientos medio extraños, lealtades, traiciones, convicciones que parecen férreas y loables pero finalmente responden a un interés mezquino, personajes que reciben muchísima atención para después morir o desaparecer sorpresivamente, diálogos ingeniosos repletos de ironía, in crescendos en la tensión que aparecen en el momento justo, mujeres que encandilan a los hombres, bajadas de línea acerca de cómo la modernidad mostraba la hilacha desde temprano y amenazaba (allá por 1915) con llevarse todo puesto… No aparece realmente nada en este álbum que no podría haber aparecido en una de las historias del Corto escritas por Pratt. Eso sólo no alcanza para convertir a Bajo el Sol…en una gran aventura del Corto, porque Pratt también escribió algunas bastante flojas. Pero sí para convencernos de que Díaz Canales fue una excelente opción a la hora de buscar un guionista capaz de reflotar esta serie.
Y lo que hace Pellejero con el dibujo es increíble. Es cierto, viene de la misma escuela gráfica que el Tano Pratt, y desde sus primeros trabajos tomó elementos de la narrativa del veneciano… pero eso no hace menos asombrosa la fusión molecularmente perfecta entre los rostros, los paisajes, el lenguaje corporal y el manejo de la mancha típicos de Pellejero con los de Pratt. Por momentos pareciera que Corto y Rasputín están atrapados en una historieta de Pellejero, por momentos parece que los dibujos del catalán se cuelan en una obra del Tano… es una danza visual absolutamente cautivante, y con un trabajo formidable en el color, añadido por el propio Pellejero. Sólo por la faz gráfica, ya no tengo ninguna duda de que me voy a comprar el nuevo álbum del Corto que edita la dupla el mes que viene.
Me vengo a Argentina a 2016, para descubrir una antología de historias cortas titulada Malvinas: el Sur, el Mar, el Frío, obviamente centrada en el conflicto bélico de 1982. En la primera historieta, Mariano Antonelli y un inspiradísimo Oscar Capristo ensayan una especie de remake de la grandiosa Master Race de Bernie Krigstein (ver reseña del 24/09/13) y les sale muy bien. Edu Molina apuesta a la poesía y la emoción en apenas cuatro páginas, muy hermosas. Al alucinante Fer Calvi le toca agregarle dibujos a testimonios reales, y los dibujos son magníficos, pero lamentablemente no hay una historia para narrar, son sólo textos con dibujos. Antonelli forma equipo también con Diego Aballay, para una historia más en clave de aventura oesterheldiana, también muy bien dibujada y con un final desgarrador. Chelo Candia juega con el realismo mágico, con los fantasmas de Malvinas, con la metáfora acerca de la ¿vida? de los ex-combatientes una vez terminada la guerra, en ocho páginas muy emotivas.
Alejandro Aguado opta por contar desde la autobiografía cómo vivieron los días de la guerra los chicos que iban a la escuela en Comodoro Rivadavia, en un tono más distendido, con espacio para que se filtre una cuota de humor. Antonelli se pone la pilcha de autor integral para otra historia de fantasmas, inquietante, de alto impacto, de nuevo ambientada en el presente. Kristian Rossi (excelente dibujante muy influenciado por Marcelo Frusín) tiene apenas cinco páginas y elige narrar una breve historia con los dibujos, mientras que los textos van más para el lado de poesía o la introspección.
Y dejé para el final la mejor historieta del tomo, y una de las mejores historietas vinculadas a Malvinas que leí en mi vida: Hay Cosas que No se te Olvidan Nunca, seis páginas con los bellísimos dibujos de Rodrigo Luján y un guión PERFECTO de una guionista a la que nunca había escuchado nombrar, Sofía Cunha. Si para vos Malvinas significa injusticia, abusos, heridas abiertas y memoria para que no nos vuelva a pasar, esta historieta te va a emocionar profundamente, además de impactarte con sus giros argumentales (sí, hay giros argumentales impactantes en seis páginas). Quiero ver YA más trabajos de la dupla Cunha-Luján.
Volvemos pronto con nuevas reseñas.

martes, 5 de septiembre de 2017

MARTES POR LA MADRUGADA

Martes por la madrugada, abro los ojos y puteo a la almohada. ¿Qué hago despierto a las 7:30 AM? No sé… pero aprovecho para sentarme a escribir reseñitas de lo último que leí.
Empiezo en Argentina, Diciembre de 2016 (ya estamos ahí de 2017), cuando Comiks Debris publica por primera vez en nuestro país una obra del chileno Marko Torres. Super Ninja Kururo es un trabajo BRILLANTE, una historieta de aventuras y humor con un ritmo fabuloso, personajes entrañables y una efectividad cómica al nivel de los mejores dibujos animados. Lo único choto es que en un momento se termina, pero por suerte Torres deja abierta una puertita para que eventualmente aparezca una secuela.
El dibujo es sintético y poderosísimo, con todo para enganchar a los más chicos. El color es excelente, las piruetas narrativas que despliega Torres son atrapantes y los trucos que se le ocurren para no matarse dibujando fondos son absolutamente legítimos. Super Ninja Kururo es de esas historietas que te hacen sentir que de nuevo sos un borreguito de 8-10 años, envuelto en una aventura fantástica que te impacta, te entretiene y te saca sonrisas y carcajadas. Me hice fan a pleno y la recontra-recomiendo.
Me clavé el Vol.2 de Breakdown, de Takao Saito, y lo empecé con bastante escepticismo, porque el Vol.1 no me había convencido demasiado. Bueno, olvidate. El Vol.2 está bárbaro y me dejó con las re-ganas de conseguir el 3 y el 4. Ahora sí, empiezan a pasar un montón de cosas grossas, y lo más importante: Saito no sólo te golpea con los sucesos grandilocuentes (terremotos, tempestades, inundaciones) sino que utiliza estos sacudones extremos para hablar también de lo micro, de la gente, de nosotros. Breakdown en inglés significa Colapso, y esta es la historia de un mundo colapsado, en el que colapsan la organización social y –sobre todo- los valores de la gente. Pronto queda claro que lo único parecido a un bueno es Otomo, el protagonista. Y el resto son sobrevivientes, tipos y minas dispuestos a todo por no ser la próxima víctima del hambre, las enfermedades o los cataclismos naturales.
Además de bajar línea de manera cada vez más extrema, Saito deja la vida en la narrativa, que es –como siempre- el punto más alto en la obra de este autor fundamental para entender el manga moderno. Con silencios, con acercamientos extremos, con ángulos imposibles, Saito logra hacernos sentir el dramatismo, la desesperación por la que atraviesan los personajes, lo jodido que es seguir siendo humanos cuando uno vive tan al límite. Me pongo en campaña para capturar el Vol.3, porque este tomo terminó en un momento tremendo, y me quiero enterar cómo sigue. Si las 700 páginas que me falta leer se parecen a las 350 del Vol.2, la timba garpa a full.
Y cierro con una breve glosa de otro librito aparecido en Argentina a fines de 2016: El Jardín Increíble, de Pedro Mancini. A mí siempre me pareció bastante choto que los libritos que recopilan tiras publiquen una sóla tira por página, y esta vez no es la excepción. Entiendo que Mancini dibujó sólo 62 tiras, y publicadas de a dos o tres por página, quedaría un libro muy finito. Pero bueno, hay que usar la imaginación, meter este material como complemento de otras historetas del mismo autor, no sé… algo, como para no terminar armando el libro con una sóla tira por página.
En cuanto a la calidad del material, no me puedo quejar en lo más mínimo. El Jardín Increíble está lleno de ideas geniales y de dibujos maravillosos. Es uno de los trabajos de Mancini que más disfruté, donde se lo ve más accesible, menos ensimismado, con más ganas de compartir su mundo delirante con los lectores, donde la belleza de su dibujo está más puesta al servicio de la riqueza de sus ideas, de la gran variedad (y apabullante efectividad) de recursos que maneja a la hora de encarar el humor. En general, me gustaron más las tiras en las que Pedro narra en secuencia de varias viñetas que las que están 100% jugadas a una única imagen, pero la verdad es que en estas también hay muchísimo vuelo y muchísima comicidad. Si sos fan de Mancini, o si querés descubrir por qué tanta gente está fascinada con este autor, no dejes de visitar El Jardín Increíble.
Gracias por el aguante y volvemos pronto con nuevas reseñas.

lunes, 28 de agosto de 2017

LECTURAS DEL FINDE

Aproveché los viajes de ida y vuelta a Pergamino para clavarme unos libritos, que procedo a reseñar.
Arranco con el Vol.5 de Deadman, con las historias más importantes del personaje previas a la etapa en Action Comics, o sea, hasta 1987. El tomo abre con la bizarra trilogía en la que Deadman y Swamp Thing aparecen como invitados en la revista de los Challengers of the Unknown, una saga complicada y un toque pretenciosa en la que Gerry Conway (por si le faltaran personajes oscuros) recupera a Rip Hunter, que no aparecía desde los ´60. Esto es mainstream de los ´70, o sea: tiene problemitas. Pero dentro de todo, con un poco de buena voluntad, se hace soportable, no es un espanto insostenible. El dibujo de Keith Giffen, si bien está a años luz de la mejor época del maestro, muestra muchas ganas de innovar, de probar cosas nuevas en la línea y en algunas planificaciones de página.
Después viene la miniserie de Deadman del ´86, escrita por Andrew Helfer y dibujada por José Luis García López, que es una exquisitez. Helfer le da mucho más relieve a Rama Kushna, al sensei, a Clevleand Brand (hermano del protagonista) y a personajes hasta ahora menores como Vashnu y Maxwell Loomis. Es increíble cómo en menos de 100 páginas Helfer le pega un upgrade tan grosso al personaje, la cantidad de cosas que pasan y cómo avanzan tanto la historia como la mitología de Deadman. Sólo en los ´80 se daba este fenómeno de las miniseries de cuatro episodios que replanteaban de cuajo a personajes con una vasta trayectoria a cuestas. Helfer también tiene a su cargo un recuento del origen de Deadman que aparece en la revista Secret Origins, y que es básicamente una expansión repleta de nueva data y nuevos detalles a la historia de Boston Brand en el circo, previa al balazo que lo manda al otro lado del mostrador.
Esta historia está dibujada por un inspiradísimo Kevin Maguire, pero nada se compara a lo que hace García López en la miniserie. Una vez más, el ídolo deja la vida en cada viñeta (y hay páginas de hasta 16 viñetas) en un trabajo monumental… que no merecía ser ultrajado por un colorista que se limpió el ojete con los dibujos de García López. Horrible, realmente, lo de Tom Ziuko en esta miniserie. Me quedo mil veces con la estridencia de Jerry Serpe en la saguita de los Challengers. Y rezo para que alguna vez DC republique el majestuoso Deadman de García López en blanco y negro.
Y me vengo a Argentina, a reseñar un libro de Diciembre de 2016 (¡vamos que me falta poco!). Rip Van Hellsing ofrece unas cuantas historietas de este aventurero al que conocimos gracias a la revista Términus, de la mano de Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Enrique Santana. Acá, a diferencia del material que vimos en Términus, los guionistas construyen una saga a largo plazo, no se quedan en un planteo sencillito que se pueda resolver en 12 páginas casi sin diálogos. La apuesta argumental sube notablemente y eso es muy bienvenido.
Lo cual no quiere decir que sean todos aciertos. La primera historia, la del cyborg militar asesino, es excelente. La segunda es un poquito predecible y la tercera… bastante pobre, apenas una excusa para hacer avanzar la trama hacia donde la quieren llevar Barreiro y Ferrúa. Y lo más importante: falta desarrollar al personaje. ¿Quién es Rip Van Hellsing? ¿Qué piensa, qué siente, por qué hace lo que hace? En casi 150 páginas estas preguntas no llegan siquiera a esbozarse y eso es, sin dudas, el talón de Aquiles de esta serie.
El ancho de espadas de Rip Van Hellsing es, para mi gusto, el dibujo de Santana. Fresco, dinámico, con la cantidad exacta de detalles como para no sobrecargar de información visual a las viñetas, con un gran manejo de la anatomía, de las expresiones faciales y de las posibilidades que brinda el blanco y negro. Un dibujante ideal para este tipo de comic, repleto de acción, tiros, explosiones y machaca entre seres sobrenaturales, tal vez todavía no valorado en toda su dimensión por los lectores argentinos.
La edición es impecable, cuidadísima de punta a punta, con una calidad infrecuente en nuestro país. Así que si descubriste a Rip Van Hellsing en la Términus y te quedaste con ganas de más, en este tomo vas a encontrar mucho más. Y si no conocés al personaje pero te gustan la acción, el vértigo y el bolonki, dale una oportunidad. Te espera un pochoclo bien elaborado, potenciado a full por la magia del rotring de Santana.
Y ahora sí, empecé a vivir la adrenalina pre-Comicópolis. No creo que vuelva a postear antes del lunes 4, así que nos vemos el finde en La Rural. ¡Hasta pronto!

viernes, 25 de agosto de 2017

LA FALSA PREVIA

Viernes 11 de la noche, horario en el que generalmente duermo para juntar las pilas que después detono en la trasnoche. Pero mañana muy temprano viajo a la Pergamino ComiCon, así que hoy no hay joda nocturna. Gran momento para redactar las reseñas del material que leí en estos días.
Arranco con una breve glosa del Vol.7 de Escuela de Monstruos, donde El Bruno recurre una vez más a un argumento ya muy remanido: dos personajes se ven transportados por accidente al mundo de los videojuegos, donde corren graves peligros. Si tenés más de… 15 años, esto ya lo leíste varias veces. Pero claro, Escuela de Monstruos apunta a un público sub-12, que seguramente experimentará estas emociones por primera vez y flasheará grosso con las peripecias que viven Tomás y Kuco. Porque además, El Bruno complementa este argumento remanido con buenos chistes, diálogos ingeniosos y algunos avances importantes en el desarrollo de personajes (de pronto, Berta tiene TODA la chapa!). Y por supuesto, el atractivo del dibujo, que sigue a un nivel altísimo. Así que sigo recomendando Escuela de Monstruos a los fans de la historieta infantil de calidad o a los que quieran convertir en adictos a las viñetas a hijos, ahijados, sobrinos o mascotas bípedas.
Salto espacio-temporal a España, año 1983, cuando se publica Dogon, una de las gemas difíciles de encontrar del siempre sorprendente (y lamentablemente ya fallecido) Micharmut. Micharmut fue el más radical, el más salvaje, de los exponentes de la línea clara posmoderna. El tipo tomó toda la impronta de Yves Chaland, Serge Clerc, Daniel Torres, Sento, Michael Cherkas, etc., y le pegó una vuelta de tuerca más, más extrema, más zarpada y más jugada al blanco y negro.
En general, lo más conocido de Micharmut son las historias cortas, breves coqueteos con el delirio, a veces un toque crípticas, pero siempre fascinantes. En Dogon, en cambio, Micharmut ensaya una historia más larga, más respetuosa de un género muy en boga en ese entonces (aventura con espionaje, Guerra Fría, persecuciones, paisajes exóticos, etc.) y construye la trama de manera clara, lineal, con elementos perfectamente presentados y desarrollados. Pero la falta de experiencia en relatos extensos le juega una mala pasada y en la página 28, cuando la historia tiene que terminar por una cuestión de formato, a Micharmut todavía le faltan resolver un montón de puntas. Por eso Dogon se precipita a un no-final abrupto y bastante decepcionante, que no le hace justicia a lo que venía construyendo el autor, ni mucho menos al dibujo, que es sublime de punta a punta del librito.
Y cierro con el Vol.2 de Winter World, la serie regular que produjo hace unos años IDW, cuando reeditó el material clásico (realizado en los ´80 por Chuck Dixon y Jorge Zaffino) y se encontró con un éxito imprevisto. No tengo ni vi nunca el primer TPB de la serie regular, pero leyendo el segundo me puedo imaginar qué les pasó a Scully y Wynn en esos numeritos que no leí.
Acá tenemos tres episodios que componen un arco llamado “The Stranded” y un episodio autoconclusivo que indaga en el pasado de Wynn. La verdad que hay que ser MUY fan de Chuck Dixon para bancarlo en esta. Los argumentos son trillados, la única forma que tiene de darle dinamismo a la historia es sumar personajes (bien presentados, es cierto), la única forma de impactar al lector es a través de la violencia, no se explora nunca cómo el mundo llegó a la situación en la que está… Es pochoclo grim n´gritty disfrazado de aventura para adultos. La historia de Wynn casi no tiene violencia (cuatro o cinco escopetazos, nomás) pero claro, tampoco tiene un conflicto interesante, ni genera ningún tipo de tensión.
Lo bueno que tiene este tomo de Winter World son los dibujantes. En el unitario de Wynn, descolla la bestia asesina de Tommy Lee Edwards, que tiene entre sus fetiches no sólo a Zaffino, sino a varios dibujantes argentinos más (algunas páginas, vistas de lejos, parecen de Horacio Altuna). Y los tres episodios de “The Stranded” los dibuja el virtuoso Tomás Giorello, un distinto, un dotado, un tipo capaz de darle elegancia a la machaca más básica, más ramplona. Giorello tira sombreados y texturas “zaffinescas”, a modo de fan service para los que extrañamos el trazo del ídolo, pero estilísticamente está más cerca de un García López que de Zaffino. Y tiene mucho más presente que después va a meter mano un colorista, en este caso el dignísimo Diego Rodríguez. Hasta ahora no tuvo demasiada suerte con los guionistas, pero para los fans de la aventura realista hoy Giorello está allá arriba, en un nivel impresionante.
No hay más. Me llevo comics para leer en el viaje a Pergamino, así la semana que viene tengo material para reseñar. Hasta entonces.

martes, 22 de agosto de 2017

MAS VALE TARDE

Sigo en esta temporada compilcada, en la que los tiempos libres me son esquivos y bueno… la están pagando el blog y el canal de YouTube, donde estoy subiendo menos contenidos de los que me gustaría.
Arranco las reseñas de hoy con un repaso por el Vol.12 de Términus, el que marcó la despedida de la notable antología publicada en Rosario desde 2012. Me sorprendió gratamente Tomás Wortley, un guionista del que no recuerdo haber leído otros trabajos, que aporta una historia atípica e inquietante, muy bien dibujada por Renzo Podestá en un estilo muy atractivo. Tampoco recuerdo haber leído otras obras de Vicente Navarro y Pedro Villarejo, los autores españoles a cargo de otra historia extraña y un toque perturbadora, muy beneficiada por el uso de una narrativa bien tradicional, bien clarita.
Hablando de narrativa, impresionante lo que propone Fernando Baldó en sus seis páginas. La de Gastón Flores y Sergio Tarquini no es una idea super-original, pero está bien llevada. Gonzalo Duarte también juega a psicopatear al lector con otra historia bastante al límite, basada en la tensión, dibujada por un Tomás Aira muy correcto, aunque no tan potente como en los trabajos que hace para EEUU. Y si de perturbar al lector se trata, el que se lleva la medalla dorada es Nicolás Brondo, con cuatro páginas sin texto devastadoras.
Ya casi sobre el final, Iñaki Aragón forma equipo con Rodrigo Luján para una historia fuerte, conmovedora y a la vez sutil, dibujada como los dioses. Y cierra Bruno Chiroleu, el emblema de la Términus, con una de terror más clásica, muy redondita, con un dibujo exquisito y una cantidad de texto un poquito zarpada. Gran final para esta publicación que se ganó a fuerza de laburo, seriedad y calidad un lugar en la historia de la historieta argentina.
Me voy a Francia a 2015, cuando sale Astérix: El Papiro del César, el segundo álbum a cargo de la dupla integrada por Jean-Yves Ferri (que en unos días va a estar acá, en Comicópolis) y Didier Conrad. El primero tuvo críticas tan tibias que lo leí online y no lo reseñé. Este me lo compré (en oferta) y la verdad es que me gustó bastante.
El argumento gira en torno al manejo de la información. Cómo circula, quién la controla, qué pasa cuando al poderoso no le conviene que cierta información cobre estado público. Ferri habla (sin nombrarlas) de las redes sociales, de la internet, del rol del periodismo y sobre todo del famoso caso de los WikiLeaks. De hecho, un personaje central en la trama (Doblepolémix) tiene los rasgos de Julian Assange. Hay una vasta tradición de álbumes franco-belgas supuestamente apuntados al público infanto-juvenil pero con la astucia como para tocar temas contemporáneos y jodidos (tradición que comparte también Groo the Wanderer, en otro continente) y con El Papiro del César, Ferri demostró que puede hacerle honor a esa tradición. Sumale una buena dosis de acción, varios chistes muy graciosos (hay un romano llamado Antivirus al que lo mandan a “instalarse” en un puesto de vigilancia, por nombrar uno sólo) y hasta algunas pinceladas de desarrollo de personajes que realzan los roles de Abraracurcix y Karabella. Así llegamos a un resultado más que satisfactorio, muy por encima de los álbumes que tuvimos que padecer durante la época “solista” de Albert Uderzo.
Conrad, por su parte, es un imitador correcto de quien fuera su maestro. Nunca lo va a igualar, nunca va a pasar de ser una copia aceptable, nunca va a tener esa magia del mejor Uderzo, ni la originalidad de proponer un estilo propio. Y la verdad es que yo iría por ese lado: a despegarme de Uderzo y a dejar que aparezca el Conrad más puro, más genuino… que quizás sea esto que vemos acá, andá a saber… Que no es choto, pero es derivativo, es un esfuerzo demasiado denodado por engañar al lector, por que nadie note que el que dibuja ya no es Uderzo. Dejémonos de joder: si hace 40 años que vienen reemplazando a René Goscinny, no veo cuál es el problema en que se note que también Uderzo pidió el cambio y habilitó el ingreso de un suplente…
Para Octubre se viene el tercer álbum de esta nueva etapa de Astérix, y la verdad es que El Papiro del César nos permite darle crédito a Ferri y Conrad para que sigan adelante con esta versión que nunca va a ser la definitiva, pero que es más que respetuosa del inmenso legado de Albert y René.
Este finde, mi gira interminable me lleva a la Pergamino ComiCon, así que los que anden por esa zona, están más que invitados a acercarse a saludar. Y como siempre, ni bien tenga un par de libros leídos, trato de hacerme un ratito para postear nuevas reseñas.

lunes, 14 de agosto de 2017

LUNES POST-PASO

Bueno, mientras el gobierno nos secuestra los resultados de la elección en Provincia de Buenos Aires y mira para otro lado mientras Gendarmería desaparece a Santiago Maldonado, yo tengo secuestradas y desaparecidas las reseñas de los últimos dos libros que leí, por falta de tiempo para sentarme a redactarlas. El tema de no tener tiempo para redactar reseñas hace que no me den ganas de leer más libros y eso es una garrrrcha, mal. Por suerte me siguen dando de ganas de invertir esos viajes en bondi en leer literatura. Si no, me convertiría en un helecho menteplana capaz de votar a Cambiemos. Pero vamos a las reseñas, que finalmente están disponibles.
Arranco con un libro (¿qué digo “libro”? ¡Recontralibrazo!) de 2016 que se me había traspapelado: la esperadísima edición argentina de El Patito Saubón, en la versión que Carlos Nine realizó para Francia en 2009, a todo color y con muchos cambios respecto de la publicación original de los ´80. Las cuatro primeras historias son magníficas. Los textos en off, narrados por el propio Saubón, parecen una sátira a los clásicos del hard boiled norteamericano, en contraste con la estética surreal de los fondos, mientras que la violencia y la sordidez de los argumentos contrasta con la elegancia la plasticidad con la que Nine dibuja a los personajes. Esos episodios (sobre todo el cuarto, el más extenso) funcionan como un relojito, a pura belleza.
Después la serie pierde un poquito el rumbo y se reitera la fórmula “Saubón se entrevera sexualmente con la mina incorrecta y todo termina mal”, por supuesto con mucha gracia, pero sin la sorpresa ni la sofisticada ironía del primer tramo. Pero dentro de esta segunda mitad hay un episodio fundamental: Suite Pepona, una historia bizarra, inquietante y magistral, en la que Nine homenajea sin tapujos al universo de Krazy Kat y (ya que estamos) a El Eternauta. La última historieta, Viaje Sentimental, es larguísima al recontra-pedo (38 páginas, una eternidad), pero está tan bien dibujada que no querés que se termine nunca.
Como para cerrar, este es un comic totalmente único, irrepetible e idiosincrático. Es Carlos Nine desaforado, pasado de rosca, dispuesto a todo. Si te gusta Nine, lo tenés que tener sí o sí. Y si no te gusta Nine, lo tenés que leer para tratar de entender por qué no te gusta Nine, y por qué a tantos nos resulta fascinante.
Me faltaba un tomito para terminar Satellite Sam, la obra de Matt Fraction y Howard Chaykin, y la verdad que termina muy bien. Visto en perspectiva, el… 60% de lo que pasa no aporta nada a la trama central. Son personajes y situaciones que tranquilamente podrían no estar sin modificar casi en lo más mínimo el desarrollo del argumento. Pero… sabemos que tanto a Fraction como a Chaykin les gusta el protagonismo coral, las tramas accesorias, los conflictos secundarios que a veces aportan confusión (para el lector, no para ellos), tensión, humor, realismo, o simplemente excusas para que Chaykin dibuje a más minas con escasa vestimenta.
El trabajo de Chaykin acá es formidable, tanto en la narrativa como en el dibujo, rubro en el que se reencuentra con el blanco y negro para desplegar una variedad de recursos gráficos realmente pasmosa. Efectos, texturas, grisados, claroscuros… Chaykin apuesta fuerte en todo, hasta en la colita de los globos. Visualmente, no descarto que este sea el mejor Chaykin de Black Kiss para acá, mirá lo que te digo. Pero el trabajo más difícil es el que le tocó a Fraction, que se propuso escribirle a Chaykin un guión que parece de Chaykin. Como comentábamos en la reseña del Vol.1, si alguien te edita Satellite Sam omitiendo el nombre de Fraction, vos te creés SIN DUDAR UN INSTANTE que Chaykin es el autor del guión, no
Los propios autores reconocen que, con el correr de los episodios, el misterio “policial” se fue alejando del centro de la escena y Satellite Sam pasó a ser un comic acerca de los procesos internos que vive un tipo, Michael White, inmerso en una situación que no puede controlar, y acerca de esa industria naciente que era la de la televisión. Fraction le saca un enorme provecho a ese viraje: escaparle al mero “whodunnit” le abre posibilidades, lo libera, y el guionista responde con jerarquía.
Erotismo, muerte, televisión en vivo (y en blanco y negro), racismo, negocios espurios, amor, política, sexualidades alternativas, lealtades mafiosas y de las otras y un dibujo majestuoso son apenas algunos de elementos que hicieron memorable (y sumamente recomendable) a Satellite Sam. Sintonizalo.
Espero volver a postear esta semana, y si no, nos vemos el 20 y 21 en Dibujados. Gracias por el aguante.

martes, 8 de agosto de 2017

TRIPLETE DE MARTES

Ufff… por fin un minuto de paz para sentarme a redactar unas reseñas… Tengo unos días complicados y… sí, ya sé, siempre el mismo verso… Pero posta, hoy escribo estas reseñas y no tengo la más puta idea de cuándo voy a poder clavar el culo en la silla y escribir las próximas.
Arranco con Mildiu, una gema semi-oculta del glorioso Lewis Trondheim que en realidad es la tercera aventura de Lapinot, y la primera que no es editada por L´Association, el sello independiente fundado (entre otros) por el ídolo en cuestión. Mildiu sale en el sello Seuil justo antes de que los álbumes de Lapinot pasen al formato tradicional, a color, y a Dargaud. Es una obra de 1994, cuando Trondheim ya no era su propio editor pero todavía hacía lo que se le cantaba la chota.
Mildiu nos ofrece casi 140 páginas frenéticas, en las que Trondheim se propone satirizar a los relatos de aventuras que se basan en un 95% en peleas entre el Bueno y el Malo, y casi sin querer pela una obra maestra. Obviamente para esa cantidad de páginas, pasan pocas cosas. Pero no es tan importante el cuánto como el cómo. Y el cómo es maravilloso. Lapinot y su enemigo Mildiu (sí, el comic tiene el nombre del villano) combaten a espadazos, piñas y patadas en el medioevo, en un castillo lleno de trampas, recovecos peligrosos y pasadizos secretos, mientras se tiran frases desopilantes y se cruzan con otros personajes bizarros, entre ellos un hechicero cuyos conjuros hacen aún más impredecible el resultado de la cuasi-infinita pelea.
Acá te reís, te entusiasmás, vibrás al ritmo de la machaca, te mordés el labio de abajo onda “no podéssss”, y cuando llega el final aplaudís de pie. Trondheim te garantiza, como siempre, diversión de la buena y un dibujo exquisito. Me encantó volver a verlo en blanco y negro (como en La Mouche, a la cual le tira un homenaje), me cebó mucho verlo dibujar espadas, escudos y hechiceros años antes de La Mazmorra, y obviamente al tener tantas páginas para llenar, la magia que tira el francés en el armado de las secuencias es virtualmente ilimitada. Un flash alucinante.
Me vengo a Argentina, al 2016, cuando se edita Ultradeformer, un librito muy breve con varias historias cortas realizadas por Pedro Mancini. Me da la sensación de que una de las historias (Misterio de Krang) era inédita y el resto ya había aparecido en la revista Ultramundo. Como siempre, son historias al borde del delirio, bastante crípticas, con poco texto, ideas muy locas y cierto coqueteo con el comic clásico de suspenso y enigmas sobrenaturales.
Al final, entre ese cúmulo de incertidumbres, lo que queda claro es que Mancini es un dibujante con un talento increíble, una imaginación única, y que su fuerte son esos climas oscuros, enrarecidos, altamente cautivantes. Tengo más libros de Pedro sin leer, así que pronto vuelvo a explorar los bizarros paisajes de su ultramundo.
Y cierro con el Vol.18 de Bakuman, el único comic que leo el día que me lo compro, que suele ser el día que se edita. Ya no falta nada para el final y Tsugumi Ohba y Takeshi Obata dan el puntapié inicial de lo que (supongo yo) es el arco final de la serie. De un modo muy elegante, Perfect Crime Party pasa a un segundo plano y ahora la historieta que define, la que sale a patear en la definición por penales, es Reversi, una nueva creación de los incansables Muto Ashirogi ahora sí, pensada no sólo para prenderle fuego a las páginas de la Jump, sino también para convertirse en un animé exitoso…
Claro que no va a ser todo tan fácil. Están las fechas de entrega, están las excentricidades del inefable Eiji Niizuma, las roscas y los protocolos de los editores (esta vez con mucha chapa para Yujiro Hattori) y está el público que, con su preferencia, decide quién da la vuelta olímpica y quién no. Es un tomo en el que vamos a ver a los protagonistas al límite de su aguante, siempre bien complementados por las tramas que Ohba les reserva a los secundarios, cada vez más queribles. Lo único medio choto es esa secuencia con el abuelo de Mashiro, una forma bastante ramplona de recordarnos la motivación del joven dibujante, que se podría haber obviado. El resto, todo intensamente maravilloso, y dibujado como la hiper-concha de Dios. Voy a extrañar mucho a Bakuman cuando termine de salir. Mucho.
La seguimos pronto (creo).

domingo, 30 de julio de 2017

DOMINGO GRIS

La tarde está más fea que comerse un feto abortado envuelto en la camiseta de Independiente, así que aprovecho para reseñar algunos libritos que tengo leídos.
Arranco con Revolver, un trabajo de Matt Kindt que data del 2010. A lo largo de más de 160 páginas, Kindt nos invita a vivir las dos vidas paralelas de Sam, un joven fotógrafo que tiene la extraña ¿habilidad? de alternar entre dos realidades. Se va a dormir en un mundo, y se despierta en otro. Y así todo el tiempo. Uno de los mundos es limpito, próspero, ordenadísimo… y a la vez bastante frustrante en términos de la vida personal del protagonista. El “lado B” es oscuro, caótico, violento, cataclísmico… pero mucho más intenso, más estimulante, con la puerta abierta para que Sam sea algo más que un mediocre fotógrafo de eventos sociales.
Kindt arma este contrapunto con muchísimo ingenio y no tarda demasiado en pegar el volantazo que eleva enormemente el interés de Revolver: Sam aprende a sacar ventaja en una realidad de los hechos que conoce (porque los vive) en la otra. La vida de sobreviviente de ese mundo apocalíptico le enseña cosas que luego aplicará en la realidad prolijita y careta, y viceversa. Sobre el final, sin hacer ningún alarde, casi de keruza, Sam dará la estocada maestra que además lo convertirá en héroe.
Revolver es un comic repleto de ideas potentes, con una crítica social para nada disimulada, con un Kindt que te envuelve en un misterio, te lo lleva para el lado de la aventura y ya que está, te baja una línea muy interesante, vinculada a ese clima post-Torres Gemelas que se vivió en EEUU en los primeros años de este milenio. El dibujo es crudo, sin concesiones, sin el menor intento de virtuosismo. Kindt cultiva una estética muy indie: es una especie de Jeff Lemire desangelado, o un Paul Pope apurado, con menos ganas de laburar. Donde te aniquila es en la narrativa. Ahí sí, Kindt te va a enamorar, con su puesta en página clásica y su asombrosa construcción de las secuencias. Y las tonalidades de color que incorpora también suman un montón para diferenciar las dos realidades y para darle una cierta profundidad al trazo de Kindt. Recomiendo esta novela gráfica a todos los que quieran vivir las emociones de un thriller complejo, elaborado y a años luz del “más de lo mismo”.
El año pasado, entre la miríada de publicaciones de editoriales argentinas, pasó medio desapercibida La Patagonia Fusilada, una adaptación al comic de La Patagonia Rebelde, el clásico de Osvaldo Bayer. El guionista encargado de versionar la obra de Bayer fue Guido Barsi, y la verdad es que es difícil pifiarla cuando se parte de un texto tan impactante, con tanta fuerza, tan desgarrador, tan lleno datos, de emociones, de dilemas morales terribles… Por suerte a Barsi no le faltan recursos para transmitir desde la historieta las sensaciones que transmite la pluma de Bayer en el original.
El problema, en este caso, son los dibujantes. El primer tramo es el más atractivo, el que mejor fluye en términos narrativos. Lo dibuja Kundo Krunch, en un estilo donde se ven un montón de yeites heredados de Carlos Meglia y Eduardo Risso. No es grandioso, pero no está mal. El segundo tramo, dibujado por Mauro Sánchez, evidencia algunos errores menores en la anatomía y unos cuantos problemas en la narrativa, por momentos muy confusa. El tercer capítulo, que debería ser el más potente, se convierte en una sucesión de imágenes para nada bien dibujadas. Pablo Romero no sólo está lejos del nivel de dibujo que hace falta para publicar en un libro que sale a la venta, sino que además se esfuerza para que lo que cuenta resulte más aburrido que jugar al Veo-Veo con Stevie Wonder. Y el tramo final tampoco está a la altura del proyecto: dibuja José Flores, un artista con innegable calidad plástica, pero con un estilo que en historieta no me termina de cerrar y con limitaciones muy evidentes en la narrativa y la puesta en página.
Así como resulta inevitable la comparación entre La Patagonia Rebelde de Osvaldo Bayer y Los Dueños de la Tierra de David Viñas, no puedo evitar recordar lo mucho que me gustó la versión en historieta de la segunda, donde se ve un nivel de profesionalismo y una jerarquía que en La Patagonia Fusilada, lamentablemente, no abunda para nada, por lo menos en la faz gráfica.
El jueves me voy unos días a Chile, a participar de un evento. En una de esas, logro postear unas reseñitas más antes de viajar. Gracias por el aguante y hasta pronto.

miércoles, 26 de julio de 2017

A VER SI ME PONGO AL DIA…

Arranco con una breve mención al Vol.2 de Amuleto, del maestro Kazu Kibuishi. Muy interesante cómo la trama se complica de a poco, cómo se construye un ritmo muy atrapante, que da mucho espacio a la introspección y a un desarrollo de personajes notable, y a la vez te tiene todo el tiempo vibrando al ritmo de una machaca muy, muy intensa, donde nunca cede un ápice la sensación de que lo que está en juego es muy grosso, donde realmente no sabés si los buenos van a ganar, o a qué costo pueden llegar a ganar. Atrás de ese dibujo sencillo, mitad dibujo animado moderno/ mitad manga clásico, Kibuishi pela una jerarquía impresionante para el dibujo e incluso para la ilustración. Pero sobre todo para la narrativa, que es sin duda su punto más fuerte. Tengo el Vol.3 y no veo la hora de entrarle.
También breve glosa para Ventura y Nieto Atacan de Nuevo, un recopilatorio de historias muy cortitas (todas tienen dos páginas) de los maestros españoles Enrique Ventura y Miguel Angel Nieto, no muy distinto del que vimos allá por el 02/12/10. La diferencia es que acá no aparece Groucho y que las historietas son un toque anteriores, de 1986 y 1987. Ventura y su primo, el ya fallecido Nieto, fueron y son referentes absolutos de la historieta humorística y satírica española, y acá eso queda clarísimo con algunos momentos brillantes como las parodias de Prince Valiant, Tintín o de las clásicas historietas ochentosas de ciencia-ficción con bajada de línea y pretensiones de relevancia. Algunas historias quedaron un poquito ancladas a la coyuntura de su época, pero en general te podés defecar de la risa leyéndolas 30 años tarde.
Me voy a EEUU, donde en 2015 se edita el primer TPB de Southern Bastards, la creación de Jason Aaron y Jason Latour. Me gustó bastante, pero me encontré con dos limitaciones bastante evidentes: 1) no me parece que el núcleo del argumento se pueda estirar más allá de los… ocho, diez episodios como máximo. A menos que Aaron pegue un volantazo ni bien arranca el Vol.2, no veo cómo la serie puede estar por llegar al nº18. Por ahí me equivoco, pero bueno… Y 2) muchas similitudes con las obras anteriores de Aaron. Southern Bastards te va a gustar mucho más si nunca leíste Scalped y sobre todo Men of Wrath, que es con la que tiene más puntos de contacto.
El resto, todo ganancia. Hay buenos personajes, buenas situaciones, un clima perfectamente construído, mucha data sobre temas que desconocía (la cocina sureña, las ligas regionales de football americano…) y un dibujante que deja la vida en cada página. Latour se colorea a sí mismo, y logra que su paleta realce a full la impronta expresionista y el power casi descontrolado de su trazo. El dibujo de Southern Bastards no sólo es buenísimo, sino que además se parece poco al de los otros comics que hay hoy en las bateas. Sin dudas, ni bien pueda capturo el Vol.2 a ver cómo sigue esta historia de violencia, impunidad y mala leche.
Y cierro con Femme, la novelita gráfica de Matías Di Stefano y Fernando Biz publicada el año pasado en el sello Módena. De la faz gráfica me gustó la narrativa y la aplicación de los grises, y me parece que Biz derrapa cuando mete cross-hatchings u otros efectos de iluminación plasmados con el plumín o el pincel. Ahí se desvía de esa estética cuasi-manga que tan bien maneja y todo se desluce bastante.
Por el lado del guión, claramente el fuerte de Di Stefano está en los diálogos. Si te gustan los diálogos realistas, 100% auténticos, rápidamente vas a sumar a Di Stefano a la lista de los guionistas a seguir muy de cerca. Hasta cuando uno de los personajes habla en francés todo suena perfecto al oído. Después la trama y la construcción de los personajes evidencian unos cuantos problemas, algunos de ellos insalvables. Situaciones forzadas, coincidencias inverosímiles, personajes relevantes en la trama que pasan de ser y pensar una cosa a ser y pensar otra sin mayor análisis… La verdad que si te digo que el guión me atrapó o que me cerró cómo están prensentados los conflictos o cómo se resuelven, te estaría mintiendo descaradamente.
Me quedó un librito leído sin reseñar. Ya le llegará su turno. Gracias por el aguante y la seguimos pronto.